El reino de las alas: Crónica de un viaje a uno de los grandes paraísos de las aves
Agamia agami, Fotografía: Steffen Reichle
El paraíso de las aves con 355 especies de aves identificadas no se encuentra al final de un camino fácil; se conquista tras desafiar la inmensidad geográfica de Bolivia. Existe un rincón en la Amazonía donde los mapas parecen desvanecerse para dar paso a un tejido vivo de agua, bosque y miles de aves. Allí, el río Iténez bautizado como Guaporé por el gigante brasileño que custodia la otra orilla, fluye como una arteria vital que late al ritmo de la biodiversidad más pura del planeta.
El paraíso de las aves, Fotografía: Nelson Fernández
Esta es la crónica de una expedición marcada por la urgencia: una carrera contra el tiempo para documentar uno de los tesoros naturales más extraordinarios de Bolivia y, al mismo tiempo, una declaración de amor a la Amazonía y a la asombrosa biodiversidad que resguarda. Una expedición del equipo de Conserva Aves, destinada a impulsar la creación de la Reserva de Vida Silvestre Municipal (RVSM) Agua Dulce, liderizada localmente por FAUNAGUA, en Baures del departamento del Beni.
Un blindaje territorial esencial para conectar santuarios icónicos en Bolivia como el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, el PD-ANMI Iténez, el Área Protegida Bajo Paraguá, el Sitio Ramsar Río Blanco y en Brasil, el Parque Estadual de Corumbiara, Parque Estadual Ilha das Flores y la Reserva Extrativista Pedras Negras.
La ruta de la templanza: Un puente terrestre entre dos mundos
Todo comenzó en el asfalto caliente del aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra. Los equipos de trabajo de FUNDESNAP y FAUNAGUA como entidad líder a nivel local, constituíamos una caravana de 16 almas distribuidas en cuatro camionetas, reflejando la interdisciplinariedad que exige la conservación moderna: biólogos, comunicadores, expertos en turismo, abogados y economistas. Por delante quedaban extenuantes viajes por tierra, dos días en carreteras que podrían ser fácilmente comparadas con las rutas que siguen los rallys off road internacionales.
El primer tramo consistió en un avance de seis horas hasta la histórica población de Concepción. Tras un breve descanso, la madrugada del segundo día sorprendió al grupo con un frío atípico, un abrazo gélido en medio de la indómita vegetación chiquitana.
La carretera, sin embargo, no tardaría en recordarles la fragilidad de la incursión humana. De pronto, un viejo árbol gigante se desplomó de forma imprevista, impactando directamente contra el guinche de la camioneta que lideraba la fila. El estruendo congeló el aliento de la comitiva. Afortunadamente, no se registraron daños personales, pero el susto psicológico quedó grabado en la piel de los viajeros como un recordatorio de que la selva impone sus propias reglas.
El viaje continuó adentrándose en los linderos del emblemático Parque Nacional Noel Kempff Mercado. Atravesar en silencio una parte de esta imponente área protegida nacional inyectó una profunda reverencia en el equipo, justo antes de arribar por la noche a la población de Remanso, pernoctando en un hospedaje rústico, fiel reflejo de la arquitectura tradicional amazónica.
Los guardianes del río y la escolta rosada
El tercer amanecer trajo consigo la magia de lo inesperado. En el puerto, la expedición coincidió con los hermanos Simeón Flores y su esposa, una pareja de origen quechua que, tras migrar al trópico y convertirse a la religión cristiana, capitaneaban una enorme embarcación de mercancías para abastecer a las comunidades del Iténez. Tras un diálogo fraterno, los convencimos de alquilar el amplio bote. Aquella barcaza comercial se transformó en el observatorio flotante perfecto para capturar la esencia visual de la iniciativa hemisférica Conserva Aves.
Navegar el río Iténez es comprender el verdadero significado de la palabra «prístino». A los lados de la embarcación, una escolta de delfines rosados emergía intermitentemente del agua, guiando los pasos de la tripulación en un espectáculo conmovedor. De pronto, el azul profundo del río y el verde infinito del dosel forestal se vieron interrumpidos por una explosión cromática: una inmensa bandada de aves rosadas de gran tamaño suspendidas en el aire, adornando el paisaje como trazos de acuarela viva.
«No tenemos un ave simbólica como tal en esta zona», explicaría después Flavio Gallo Cardozo, técnico de biodiversidad de FAUNAGUA. Lo que resalta aquí es la comunidad entera. Es un conjunto invaluable de especies resguardado por una región de transición entre la Amazonía húmeda, las sabanas del Beni y, hacia el sureste, algunas influencias del Complejo Chiquitano-Cerrado, explicando de esta manera su extraordinaria biodiversidad y la presencia de muchas especies de aves típicamente amazónicas y de sabana.
Río Itenez, Fotografía: Nelson Fernández
El paraíso de las aves en su estado más puro
Tres horas de navegación descendente culminaron en un puerto natural en el que habitan miles de aves. Al apagar el motor, el silencio no existió: en su lugar, una impresionante y densa nube de aves de múltiples variedades cubrió el cielo, dándoles la bienvenida con un coro monumental de graznidos y sonidos naturales imposibles de replicar. Era el paraíso de las aves en su estado más puro, acompañado por el nado calmo pero impresionante de los delfines rosados en las aguas transparentes del Iténez.
Al descender con extremo cuidado en las playas vírgenes para no perturbar el entorno, el suelo arcilloso reveló las firmas de los verdaderos dueños del territorio: huellas frescas de jaguares, tapires, monos y chanchos de monte se cruzaban en el piso, testificando la existencia de una comunidad viviente interconectada con las aves. Tras registrar con cámaras aquel milagro natural, el viaje de retorno de cuatro horas río arriba obsequió visiones de caimanes de más de siete metros de largo, capibaras descansando en las orillas y nuevos avistamientos de avifauna tropical.
Un llamado urgente: Territorios de vida para el futuro
Cada minuto de sufrimiento en el camino, cada bache y cada salto valieron la pena. Sin embargo, la espectacular fragilidad de este rincón del Beni no puede depender únicamente del aislamiento geográfico.
Aquí es donde cobra un sentido de urgencia la narrativa institucional de Conserva Aves. Esta iniciativa liderada a nivel continental por American Bird Conservancy, Audubon, BirdLife International, Birds Canada y la Red de Fondos Ambientales en Latinoamérica y el Caribe (RedLAC), concibe la conservación no como un aislamiento de la sociedad, sino como la protección de verdaderos territorios de vida. Las aves son los bioindicadores por excelencia; tomar el pulso de sus poblaciones es tomar el pulso a la salud de nuestra propia supervivencia, actuando como guardianes de la mitigación del cambio climático y la generación de agua y aire purificados para el país.
Actualmente, el proceso de consolidación de esta nueva área protegida subnacional en Baures se encuentra en un 80% a 85% de avance. Las gestiones con la comunidad local Remanso, y zonas clave como el Pacusal, Puerto Rubio y Tres Picos avanzan con paso firme y voluntad compartida.
Para que este corredor biológico sea una realidad indestructible, se necesita el compromiso de todos los sectores:
Para los tomadores de decisión y actores políticos: Esta nueva área subnacional es la oportunidad de oro para cumplir con la agenda climática del país, construyendo puentes normativos eficientes que garanticen la sostenibilidad a largo plazo.
Para el sector privado: Invertir en salvaguardar estas hectáreas representa un ejercicio transparente de responsabilidad ambiental con un retorno invaluable en servicios ecosistémicos estratégicos.
Para la población nacional: Conocer que, en las fronteras de nuestra Amazonía, el cielo todavía se satura de alas y cantos salvajes nos convoca a celebrar el impulso para la creación del Área Protegida “Agua Dulce” en el Iténez en Baures. Proteger este espacio significa mucho más que conservar aves: significa resguardar un territorio de extraordinaria riqueza natural, donde bosques, sabanas inundables, ríos y comunidades conviven en equilibrio. En un contexto de crecientes desafíos para la conservación, esta declaratoria es una apuesta por el futuro, una decisión que preserva vida, agua, belleza y esperanza para Bolivia.
El paraíso de las aves está en Bolivia. Llegar hasta este rincón de belleza sobrecogedora requiere esfuerzo, cada paso vale la pena. Proteger el Corredor de Conservación Iténez es mucho más que cuidar la naturaleza: es preservar un refugio de vida, colores y cantos; es asegurar que nuestros hijos y nietos puedan seguir contemplando un mundo donde las aves aún surquen libremente los cielos y la naturaleza conserve su capacidad de inspirarnos.
Conserva Aves es una iniciativa hemisférica liderada por American Bird Conservancy, National Audubon Society, BirdLife International, Birds Canada y la Red de Fondos Ambientales en Latinoamérica y el Caribe (RedLAC), con el respaldo estratégico de Bezos Earth Fund.
En Bolivia, la iniciativa es impulsada por la Fundación para el Desarrollo del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (FUNDESNAP) y la Asociación Civil Armonía.