Latidos de El Palmar:
naturaleza, cultura y esperanza para la vida del sur de Bolivia
Fotografía: Nelson Fernández, Acto de firma de convenio – Cámara de empresarios privados de Chuquisaca
CHOCOLATE CON SABOR A BOSQUE
Jueves 26 de febrero, 10:00 a.m. – Salón de la cámara de empresarios privados de Chuquisaca
Cuando el reloj marcó las diez de la mañana, nadie imaginaba que ese instante quedaría grabado como un punto más de inflexión en la historia de la conservación boliviana. Tres cajas de madera fina con tapas de aguayo aguardaban sobre una mesa: adentro, el aroma más profundo de cacao mezclado con algo que aún no tenía nombre, pero que pronto lo tendría: corresponsabilidad y esperanza para la conservación de El Palmar.
Los representantes de Chocolates “Para Ti”, “Taboada” y “Sucre” estampaban sus firmas en un documento que, sin aspavientos de titulares grandilocuentes, transformaba de manera destacable la relación entre el capital privado y la naturaleza protegida. El Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP) había tejido, en el marco de su Plan Estratégico Financiero, el primer convenio que convertía cada tableta de chocolate en un aporte para la conservación.
Como responsable de posicionamiento de FUNDESNAP, observaba la escena con la certeza de quien presencia un parto: el nacimiento de un modelo donde el mercado no es enemigo de la naturaleza, sino su aliado financiero.
Al caer la noche, ya en salones de la Gobernación de Chuquisaca, me encontraba en otro acto destacado, el lanzamiento de El Palmar como destino turístico de Chuquisaca, proyectando dos videos documentales que mostraban, en toda su belleza a esta bella área protegida de carácter nacional.
Ambos actos protocolares que aportan grandemente a la sostenibilidad de El Palmar, demuestran que la corresponsabilidad es uno de los factores críticos para lograr las metas de conservación de las áreas protegidas nacionales, en esta oportunidad empresarios privados y la gobernación de Chuquisaca se vinculaban y trabajaban de manera comprometida.
Pero lo mejor estaba por venir.
Fotografía Nelson Fernández – Gobernación de Chuquisaca
LA NOCHE EN QUE EL PALMAR SE VISTIÓ DE GALA
Jueves 26 de febrero, 8:00 p.m. – Salones de la Gobernación de Chuquisaca
La Gobernación de Chuquisaca había preparado un lanzamiento impactante. Luces tenues que luego se aclaraban dando paso a danzantes de la cultura Yampara, proyección de dos documentales producidos por el área de comunicación de FUNDESNAP, música de vientos andinos y, al fondo, una instalación que recreaba un bosque de janchicoco con sus palmeras elevándose hacia un techo pintado de estrellas, daba paso a una exhibición maravillosa de tejidos, gastronomía y cultura presente en el área protegida.
Allí estábamos, mezclados entre empresarios, autoridades y pobladores de la cultura Yampara, guardaparques, profesionales de diferentes áreas de trabajo y periodistas que comenzaban a entender que esto no era una noticia más.
La plataforma de colaboración de El Palmar, seguía mostrando frutos visibles: las plataformas no eran ya palabras bonitas en los documentos, sino compromisos firmados con chocolate y savia de palmera.
Mientras la noche avanzaba, varios de los presentes en el acto de lanzamiento nos preparábamos para ingresar al área protegida. Lo que no sabíamos es que ese viaje cambiaría nuestra forma de entender la vida.
Fotografía: Nelson Fernández – Cañón Misión
RUMBO AL PALMAR: EL VIAJE HACIA EL BOSQUE DE PALMERAS GIGANTES
Viernes 27 de febrero, 6:00 a.m. – Partida desde Sucre
El frío de la madrugada sucrense nos daba la bienvenida a la aventura mientras que tres guardaparques nos daban las últimas instrucciones antes de partir. Equipos de grabación y fotografía listos, agua, un poncho de goma y una gorra acompañaban esa mezcla de ansiedad y emoción que precede a los grandes momentos.
Tomamos la carretera Sucre-Tarabuco, esa ruta que serpentea entre montañas como una culebra de asfalto. A la altura de Tarabuco, el desvío hacia Presto apareció como una promesa: 47 kilómetros de camino vecinal que son, en sí mismos, una introducción a lo que vendría.
Pasopayita, Trancas Horno Khasa, Pasopaya, Aramasi, Loman… cada comunidad era un susurro en el camino, un recordatorio de que aquí la vida no se detiene.
Finalmente, Rodeo. Un magnífico desayuno nos esperaba en esta población que anticipaba una maravillosa y esforzada pero inolvidable jornada, el paso previo a un periplo impactante.
CAÑÓN MISIÓN: ENTRE LA ADRENALINA Y LO DIVINO
Viernes 27 de febrero, 90:00 a.m. – Cañón Misión
Si alguien me hubiera descrito lo que viviríamos en Cañón Misión, no lo habría creído.
El cañadón se abrió ante nosotros como una herida verde en la montaña. Un río de aguas cristalinas corría por el centro, formando pozas donde el agua invitaba a sumergirse. Pero llegar hasta ellas no era sencillo: tramos de pendiente inclinada donde una soga era la única garantía entre tú y el vacío. 10 metros de adrenalina pura, sujetado por una cuerda mientras abajo el río rugía su canción eterna.
Algunos nadaron en las pozas, otros prefirieron contemplar desde las rocas. Pero todos, absolutamente todos, quedamos en silencio cuando levantamos la vista. La montaña entera estaba coronada por palmeras de janchicoco, cientos de ellas, elevándose hacia el cielo como columnas de una catedral natural.
La aventura entre las rocas de caprichosas formas, requería todo nuestro esfuerzo y concentración para no cometer errores y superar el vértigo de la aventura extrema.
Allí, colgado entre la roca y el agua, entendí por qué este lugar es sagrado, cada disparo de mi cámara valía la pena, paisaje, naturaleza y aventura. No hace falta creer en dioses para sentir lo divino cuando la naturaleza se manifiesta en su máxima expresión.
Fotografía: Nelson Fernández – Condor Bañana, El baño de los Cóndores
Fotografía: Nelson Fernández – cóndor andino (Vultur gryphus)
EL BAÑO DE LOS CÓNDORES: EL ESPECTÁCULO QUE NADIE OLVIDA
Viernes 27 de febrero, 13:30 p.m. – Mirador Cóndor Bañana
La caminata final fue la más exigente. Una hora de ascenso por senderos que parecían querer probar nuestra determinación. Pero cuando llegamos al mirador —un rústico balcón de piedras y paja construido por los guardaparques con sus propias manos— el cansancio se evaporó.
Los guías David y Elias, guardaparques de El Palmar nos comentaban que hace algunos años la caminata hacia cóndor bañana (El baño de los cóndores) tenía un grado de complejidad mucho más grande, ya que desde el campamento de guardaparques debía recorrerse aproximadamente tres horas y media a pie, sin embargo gracias a su trabajo comprometido y al apoyo de algunas otras entidades locales, se logró aperturar un camino que reduce la caminata a sólo una hora por la ladera de la montaña.
—Esto, miren— señalaba una rama amarilla con verde el guardaparque David —es pino de monte, Podocarpus parlatorei. Una especie nativa en peligro de extinción. Acá lo cuidamos como a un abuelo de todas las plantas y como una joya de esta región.
Más adelante, el aliso, el molle, el sahuinto. Cada planta tenía un nombre, una historia, una cura. El bosque tucumano-boliviano se desplegaba ante nosotros como una farmacia viviente, como una biblioteca de sabiduría que aún no hemos terminado de leer.
Al llegar al final del sendero, una rústica cabaña de piedra construida por los guardaparques nos daba la bienvenida, frente a la misma, a unos dos mil metros podía observarse una verdadera joya de la naturaleza, un bosque pleno de pinos de monte con un río invisible a la vista y una cascada que riega sus aguas sobre los majestuosos cóndores.
La cascada no puede verse desde ese ángulo, y tampoco es posible observar a las grandes aves mientras se bañan. Sin embargo, sí es posible verlas cuando salen del agua y extienden sus enormes alas para secarlas al sol.
En este lugar no existe la posibilidad de enviar un dron para cuidar la paz de las grandes aves y por seguridad del equipo que, según los guardaparques sería atacado inmediatamente despegue y se acerque a su excepcional territorio aéreo.
Y entonces empezaron a llegar.
Primero uno, luego dos, después cinco, diez, veinte… Los cóndores descendían desde las alturas más remotas, planeando con esa majestad que sólo ellos poseen, con esa gravedad que convierte el vuelo en poesía. Atravesaban el cañón rozando casi las copas de los pinos de monte, saludando a las palmeras con un aleteo que era, también, un ritual.
Los contamos. Uno por uno. Cincuenta y siete.
Cincuenta y siete cóndores, Vultur gryphus, el ave voladora más grande del planeta, el símbolo de los Andes, el espíritu de la montaña hecho carne y pluma. Todos allí, en ese lugar remoto de Chuquisaca, en ese bosque que alguien, hace años, decidió proteger.
Fotografía: Nelson Fernández – Gastronomía Yampara
VII. LA MESA DE LOS YAMPARA: GASTRONOMÍA CON IDENTIDAD
Viernes 27 de febrero, 5:00 p.m. – Comunidad de Rodeo
De regreso, cuando el sol comenzaba a esconderse tras las montañas, la comunidad Yampara de Rodeo nos esperaba con una mesa larga, interminable, cubierta de colores y sabores, muchos fde ellos hechos con el fruto del Janchicoco.
Uno de los guardaparques, con la parsimonia de quien sabe que el tiempo aquí se mide distinto, nos explicó:
—Esto, señores, es comida, es medicina, es cultura. El janchicoco tiene más proteínas que muchos frutos secos, tiene Omega 3, tiene energía. Las comunidades hacen leche, galletas, refrescos, ajíes. La FAO ya lo dijo: es un alimento altamente nutritivo. Y nosotros, que vivimos aquí, lo sabemos desde siempre.
El almuerzo buffet era, en realidad, una declaración de principios. Allí estaban las galletas de janchicoco, los alfajores elaborados con el mismo fruto, los refrescos, la llajua y los platos fuertes en los que la almendra molida se transformaba en cremas y guisos. Una cocinera mayor —con el rostro marcado por arrugas que parecían mapas— nos servía junto a otras mujeres de su comunidad, quienes lucían atuendos de impresionante valor. Su confección, hecha con elementos naturales y tejidos de piso, requería varios meses de trabajo para elaborar cada línea con un motivo especial. Eran tejidos impermeables al agua y al frío característico de la región.
Después, las artesanías. Tejidos Yampara con sus diseños geométricos que cuentan historias de cóndores y montañas, de ríos y cosechas. Figuras tejidas con fibras naturales del lugar, objetos que son arte y son también memoria.
La noche cayó sobre Rodeo mientras sonaban las tarcas y una danza típica nos invitaba a compartir la alegría de la danza autóctona Yampara.
Fotografía: Nelson Fernández – Guardaparque El Palmar, ecosistema Tucumano – Boliviano
VIII. EPÍLOGO: EL VIAJE QUE CONTINÚA
Sábado 28 de febrero, 6:00 a.m. – Camino de regreso a Sucre
El regreso fue silencioso. Cada quien procesaba a su manera lo vivido. En mi libreta, apenas unas palabras escritas al borde del camino:
57 cóndores. Bosque de podocarpus. Palmeras milenarias. Gente que cuida. Empresarios que apuestan. Un plan que funciona. Esperanza.
Porque eso fue, al final, lo que presenciamos esos días. No sólo un área protegida. No sólo un convenio. No sólo un lanzamiento turístico.
Presenciamos el nacimiento de un modelo donde la conservación deja de ser una carga para convertirse en una oportunidad. Donde el chocolate que compras en Sucre aporta a la conservación de El Palmar. Donde el turista que llega a ver cóndores deja recursos en las comunidades Yampara. Donde el janchicoco, ese fruto ignorado por décadas, se convierte en superalimento y en razón para proteger el bosque que lo produce.
El Plan Estratégico Financiero del SERNAP, con sus plataformas locales de cooperación, ha demostrado que otra forma de hacer conservación es posible. La Cámara de Empresarios Privados de Chuquisaca, las fábricas de chocolate, la Gobernación, las comunidades, FUNDESNAP… todos, de alguna manera, somos ahora corresponsables de que El Palmar siga siendo El Palmar.
Días después, en mi oficina de FUNDESNAP, reviso las fotografías y videos logrados para poder informar y mostrar a nuestros lectores la belleza de nuestras áreas protegidas. Los cóndores vuelven a volar frente a mis ojos. El aroma del janchicoco vuelve a mi memoria. Y una certeza se instala en mi pecho:
Este viaje no termina aquí. Para El Palmar, todo comienza ahora.